miércoles 25 de enero de 2012

“Crónicas de una clase de sumi-e virtual”

La primera vez que vi a mi amigo y maestro de filosofía Gustavo Pita Céspedes por el año 1999, fue en una conferencia que impartía en la ciudad cubana de Matanzas. El tema de la charla eran los problemas filosóficos de la realidad virtual, y el gran salto que había dado la humanidad con la aparición de ésta. Tuvieron que pasar 10 años para que comprendiera completamente qué significaba esto. Fue precisamente en el ciberespacio, donde conocí “personalmente” a quien es actualmente mi amigo y maestro de sumi-e Leandro Soto, también gracias a Gustavo Pita. Leandro Soto es uno de los artistas cubanos contemporáneos más influyentes, integrante de la famosa exposición “Volumen I”, la cual marcó el inicio de una nueva época para el arte cubano a inicios de los años 80. Leandro recibió el sumi-e, arte del pincel y la tinta negra considerado sagrado en Japón, directamente de Tamami Kobayashi discípula del maestro Yamamoto Rokuro de la escuela de Kioto. Pero Leandro no copia en su práctica los patrones estéticos de las obras de la tradición china, coreana y japonesa, sino que reteniendo la esencia del sumi-e, la adapta al contexto desde el cual crea y a su formación multicultural. Leandro imparte clases de sumi-e en el Centro Art Splash situado en Hastings, la costa sur de Barbados y me invitó a asistir a una. A través del tunel mágico de Skype pude estar en al aula a las 6:00 de la tarde, hora de Barbados, sin moverme de mi estudio en Valencia donde eran las 11:00 de la noche.

Leandro Soto, de la serie Liborio quiere escapar, tinta china sobre papel de arroz, 96cm x 63,5cm. 2000.

Cuando llegué, estaban las mesas de un amplio espacio agrupadas en círculo, en el centro había una tarima preparada para una modelo que posaría. Algunas alumnas ya blandían sus pinceles, mientras se iban incorporando otras y otros. Leandro dictó el primer ejercicio: pintar la música. Se trata de un ejercicio de sinestesia que consiste en reflejar las impresiones que la música produce en el practicante a través del pincel cargado de tinta negra sobre el papel. “Remember that you are dancing with your hands” (“Recuerden que están danzando con sus manos”), les repite Leandro a sus alumnos. La música es de Mozart, usada conscientemente por sus efectos benéficos sobre el estado de ánimo y la creatividad. Cada alumno y alumna reflejaba la melodía de Mozart de una manera única, los pinceles fluían armoniosamente, describiendo en algunos casos una suerte de notación musical caligráfica, en otros, líneas onduladas interconectadas con rectas.

Fotografía tomada con el programa Skype de una alumna de Leandro Soto pintando la música de Mozart.

Luego hubo una transición a la figura humana, Leandro les pedía a sus alumnos que intentaran con unos pocos trazos caligráficos, representar la figura humana en movimiento. “No corrijan”, decía en inglés a sus alumnos, “tienen que aceptar lo que pasa”. Precisamente esta no corrección en el sumi-e, es lo que le aporta el elemento de la sinceridad y naturalidad, y es lo que hace que el alumno pueda despojarse de sus inseguridades y del miedo a hacerlo mal. Una vez superado este miedo a equivocarse, la energía vital puede fluir libremente a través del brazo, del brazo al pincel, y del pincel al papel. Fue en este momento donde decidí implicarme más en la clase, desde mi estudio en Valencia donde siempre tengo los materiales ordenados y listos para usarse en la práctica diaria. Así que blandí el pincel y la tinta y comencé a esbozar mis propias figuras caligráficas en movimiento al compás de las sonatas de Mozart. Con este ejercicio preliminar de calentamiento, hacíamos tiempo mientras llegaba la modelo, la cual finalmente no pudo asistir ese día. Esto no desesperó a Leandro quien con la mayor ecuanimidad, decidió erigirse el mismo en modelo y posar para sus alumnos. Primero se sentó en la postura de loto, luego agarró las piernas y las acercó al torso con ambas manos. Y esto dio paso a una danza lenta que comenzó a ejecutar, pudimos descubrir entre sus momentos varias asanas de hatha yoga y reminiscencias de tai chi. Los alumnos debían con pocos trazos, registrar el fluido movimiento. Mientras yo esbozaba las posturas de esta creativa danza, me llegaban evocaciones de mediados de los años 90, cuando mi primer maestro de pintura Pedro Carmona, en el centro Wifredo Lam de Matanzas-Cuba, se colocaba el mismo de modelo para que en cambios de 1 minuto, pudiéramos aprehender en pocos trazos del carboncillo la posición de la figura humana.

Rubén Fuentes, estudio de Leandro Soto posando, tinta china sobre papel de arroz, 21cm x 29,7cm.

Realizamos muchísimos bocetos durante más de media hora sin interrupción. Leandro terminó su danza y revisó los trabajos de los alumnos expresando su satisfacción. También pudo él ver lo que yo había hecho en mi estudio de Valencia, a través del ojo de cíclope de mi ordenador dándome su aprobación. Sus alumnos de Barbados también vieron mis esbozos, en un papel con una caligrafía estilo “informal” escribí con la rapidez del relámpago con tinta china negra “thanks a lot” y esa fue la alegre despedida.

Al día siguiente en clase de sumi-e que imparto cada viernes a las 11 de la mañana en mi estudio de Valencia, empleé este efectivo método con excelentes resultados expresivos con la diferencia que utilicé los famosos conciertos de Brandenburgo de Bach. Luego del calentamiento de pintar la música, les mostré a mis alumnos algunas obras magistrales de Sengai (1750 – 1837), el famoso monje zen y pintor japonés del período Edo, y les dije que me gustaría que ellos pudieran lograr ese nivel de síntesis. A continuación les puse un maniquí articulado que tengo en mi estudio, cuyas posiciones eran cambiadas a cada minuto a los dictados de la melodía de Bach. Luego, yo mismo me erigí en modelo y fui adoptando cambiantes posturas que la música me sugería. Los alumnos y alumnas mejoraron considerablemente la habilidad de captar en pocos trazos la complejidad de la figura humana.

Sengai Gibon (1750 – 1837), Un monje del zen.

A la semana siguiente nuevamente asistí a otra clase a la galería Art Splash de Barbados. En esta ocasión sí estaba la modelo, una hermosa mujer de piel negra la cual es también una artista. A pesar de que este día la conexión no era óptima y se interrumpía con frecuencia, pude hacer varios apuntes a la tinta de la modelo que iba adoptando diferentes posiciones. Cuan maravilloso es que un conocimiento llegado desde Japón, me sea transmitido desde Barbados sin estar ahí físicamente, y que de esta manera pueda transmitirlo a mis alumnos en España. El sumi-e de esta forma deja de ser estrictamente japonés o chino, para convertirse en un patrimonio universal el cual se oxigena con nuevos aires según el espacio donde sea practicado. Gracias también a las nuevas tecnologías, dos promociones de artistas cubanos, la de los 80 y la del 2000 viviendo en diáspora y en lugares distantes pueden intercambiar conocimientos de inestimable valor.

Sirva este breve artículo para agradecer a Leandro Soto por su gentileza de permitirme visitar su clase a un paso de 7000 kilómetros. Nuestro mundo contemporáneo necesita volver al arte como una vía de descubrimiento de las leyes de la belleza y de la ética. El sumi-e como camino de la armonía con todo cuanto existe, al igual que otras muchas artes vinculadas al zen, podrá seguir difundiéndose a través del rizoma de internet y llegar a muchos lugares del planeta donde adoptará los matices propios de los nuevos contextos. Agradecimientos también, a todos los que hacen que el ciberespacio pueda ser el lugar donde se eliminen de una vez, las fronteras y límites ficticios que desde un pensamiento fragmentario hemos creado los seres humanos.

Rubén Fuentes, Valencia 2 de enero del 2012.

www.rubenfuentes.com